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Lima, la ciudad de los contrastes Featured

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La internacionalización de la gastronomía peruana, los paseos por el Malecón y el encanto del barrio bohemio de Barranco han cautivado a viajeros de todo el mundo

Cuando se piensa en el Perú, lo primero que viene a la mente es la impetuosa imagen de la ciudadela inca de Machu Picchu. Y es que esta gran construcción milenaria es, sin duda, el gran icono de todo lo relacionado con la cultura peruana. Pero el país esconde un sinfín de diferentes elementos que contrastan entre sí para tejer los hilos de su cultura. Ejemplo de esto es su capital. Lima se diversifica en estilos y callejuelas diferentes que la convierten en una ciudad repleta de color y gris, de modernidad y dejadez, de historia y ocio.

La capital del Perú tiene casi 10 millones de habitantes y confluyen en ella el caos y las ganas de ser. Es una ciudad sin lluvia cuyo cielo siempre está gris, donde hace más calor que frío, y que tiene un encanto peculiar. No en vano es una de las 5 ciudades latinoamericanas más visitadas del mundo.

Uno de los factores importantes para el reconocimiento de Lima en los últimos años ha sido la evolución de su gastronomía. La cocina peruana ha incorporado influencias de diferentes épocas y culturas, y se caracteriza por hacer una fusión de todas ellas. Seguramente por eso se la reconoce hoy en día como una de las mejores a nivel internacional. Pero, ¿dónde se originó este culto a la comida en el Perú? Dicen que se remonta a los incas y a otras culturas preincas, que usaban maíz, papas (su principal contribución al mundo y elemento fundamental de su dieta) y especias como principales ingredientes. La cocina inca, además, contenía cereales como la quinoa o carnes como la alpaca y el cuy. Ante la llegada de olas migratorias provenientes de China, Europa, la India o Japón, la comida peruana se abrió al resto del mundo tras combinar la influencia de los sabores de los cuatro continentes con las recetas tradicionales y locales de todo el país. Con los chinos llegó el Lomo saltado y con los japoneses el tradicional y delicioso Ceviche, toda una eminencia peruana.

Francisco Pizarro la fundó en 1535 y Lima ha ido creciendo para convertirse en una de las ciudades más visitadas de toda Latinoamérica

Pero la influencia de la cultura española también se muestra en la gastronomía del Perú. La cultura criolla - es decir, la mezcla de la cultura nativa y la española - desarrolló sus propias técnicas culinarias a partir de la combinación de los dos mundos, creando platos típicos como el mítico Ají de gallina o la papa a la Huancaína. Tan importante es el auge de la gastronomía para la capital peruana que incluso existen algunos tours en Lima gratis que permiten conocer en profundidad todo lo relacionado con la exquisitez culinaria del país. Pero Lima tiene muchos más rincones repletos de contradicciones y contrastes que esperan ser descubiertos por viajeros ya no solo de todo el mundo, sino también del resto del país.

Historia y calles

Lima fue fundada el 18 de enero de 1535 por el conquistador español Francisco Pizarro, cuya figura está muy presente en el centro histórico de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 1988. El corazón de todo el casco antiguo es la Plaza Mayor, punto neurálgico de gran importancia y en la que conviven el Ayuntamiento de Lima, el Palacio del Gobierno y la Catedral de Lima, edificio que ha sobrevivido a más de 9 terremotos. Pasear por allí es un festival de contrastes: tiendas locales se entremezclan con restaurantes con influencia japonesa, personas vestidas de traje pasean entre quienes piden limosna en la calle. Pero la gran contradicción es levantar la mirada y observar el Cerro de San Cristóbal, en la ladera de la montaña: es la zona más pobre de la ciudad, repleta de chabolas, donde no hay apenas agua potable ni luz.

Desplazarse por Lima es una aventura, debido a sus calles abarrotadas y su tráfico caótico poblado por coches, autobuses, taxis y combis (como se conoce popularmente a las furgonetas rurales). A una media hora del centro histórico está Miraflores, uno de los barrios más tranquilos de la ciudad y zona cercana al Malecón, donde frecuentan los surferos. Tocando esta zona se encuentra Barranco, el barrio bohemio peruano por antonomasia. Barranco tiene un aire místico diferente que reúne arte, historia y colorido. Recorrer el famoso Puente de los Suspiros impregna de romanticismo y nostalgia a parejas y personas solitarias. Las vistas a esta construcción se complementan con la escultura de la cantante y compositora peruana Chavuca Granda a un costado del puente. Además, cerca del lugar se congregan múltiples zonas de ocio y pubs nocturnos donde vivir la verdadera noche limeña tomando un buen pisco.

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